domingo, 19 de julio de 2009

NI OLVIDO NI PERDÓN

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.” ( John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions. ). Para los seres queridos la muerte siempre es injusta, temprana y absurda. Su dolor, digno de respeto. En la agonía, cierta dicha acompañó su extinción física. Y hago esta disquisición porque su daño perdura. Murió de muerte natural. Pudo acompañarlo su familia. Saben de su suerte. Concurrieron a su entierro sus deudos, cosa que no les ocurre a los familiares de los detenidos –desaparecidos de las dictaduras que integró. Las familia Ezeyza, Gutierrez Zaldivar, O´Farrel, Eugenio Aramburu, la subcomisión de Cultura del Tenis club argentino, el Rotary Club, expresaron su pesar en los avisos fúnebres de La Nación, que desleal, no le dedicó necrológica, a quien por su accionar como secretario de cultura adulara durante los años de plomo. La asociación de empresarios teatrales, en nombre de sus miembros, participa el fallecimiento de su socio vitalicio. Su Frankestein, ingrato o amarrete, vaya uno a saber, no publicó anuncio de condolencias. Se fue un colaboracionista que expulsamos de las filas del estado. Un cínico que firmaba los subsidios para Teatro por la identidad. Se fue sin castigo, pero sin honor. Algo es algo. Quedan muchos.