Otra vez me siento en el deber de salir al cruce de ciertas aseveraciones injustamente inexactas sobre el Sr. Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya en diciembre de 2007, refutaba a los que le adjudicaban políticas culturales nocivas, a quien carente de intencionalidad alguna sobre una materia que le es extraña y ajena, lidiaba con la urgencia de nombrar al frente de una repartición del estado de la que acababa de informarse de su existencia, un secretario de cultura. Hoy, a partir de un legítimo reclamo salarial, se utiliza dicho conflicto para traer a cuenta el pasado colaboracionista de las últimas dictaduras del Sr Director del Complejo Teatral E.S.Discépolo, que aglutina a seis teatros oficiales porteños. Me permito dudar de la legitimidad moral de la alusión, ya que la situación es hartamente previa a esta coyuntura y de no haberse dado este disparador de mora salarial, las voces que hoy se alzan, seguirían enmudecidas, en la cómoda complacencia de sus cobros. Hay cierta desfachatez en algunos enviantes y reenviantes de mais que aluden a lo antedicho, ya que si no fuera por la inminencia de la cesantía de sus contrataciones como asesores, seguirían jactándose de pertenecer al cenáculo de dicho funcionario. Sus cacareos éticos tienen la medida de su bolsillo. En cuanto a lo estrictamente emergente, es justo discriminar la mora salarial, de la no renovación de los contratos. La falta de pago es inexcusable, pero la renovación del contrato es una potestad del contratante. Y en este caso, el contratante privilegia la renovación de veredas de la ciudad, plan ratificado electoralmente con la primera minoría obtenida en los últimos comicios. La ciudadanía se expresó: veredas sí, teatro no. Por todo lo expuesto, es que considero que un problema cierto, como lo es la falta de pago salarial, no debe ser utilizada para manipular politicamente la opinión pública sobre temas que pertenecen al pasado y que no fueron obstáculo ético para la firma de los contratos de quienes hoy elevan sus denuncias. Ojalá, quienes ahora se rasgan las vestiduras, tuvieran la honestidad intelectual que los llevara a sinceramientos de la talla de "solo un idiota no puede hacer diez kilómetros de subte por año".
martes, 25 de agosto de 2009
VEREDAS SI, TEATRO NO
Otra vez me siento en el deber de salir al cruce de ciertas aseveraciones injustamente inexactas sobre el Sr. Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya en diciembre de 2007, refutaba a los que le adjudicaban políticas culturales nocivas, a quien carente de intencionalidad alguna sobre una materia que le es extraña y ajena, lidiaba con la urgencia de nombrar al frente de una repartición del estado de la que acababa de informarse de su existencia, un secretario de cultura. Hoy, a partir de un legítimo reclamo salarial, se utiliza dicho conflicto para traer a cuenta el pasado colaboracionista de las últimas dictaduras del Sr Director del Complejo Teatral E.S.Discépolo, que aglutina a seis teatros oficiales porteños. Me permito dudar de la legitimidad moral de la alusión, ya que la situación es hartamente previa a esta coyuntura y de no haberse dado este disparador de mora salarial, las voces que hoy se alzan, seguirían enmudecidas, en la cómoda complacencia de sus cobros. Hay cierta desfachatez en algunos enviantes y reenviantes de mais que aluden a lo antedicho, ya que si no fuera por la inminencia de la cesantía de sus contrataciones como asesores, seguirían jactándose de pertenecer al cenáculo de dicho funcionario. Sus cacareos éticos tienen la medida de su bolsillo. En cuanto a lo estrictamente emergente, es justo discriminar la mora salarial, de la no renovación de los contratos. La falta de pago es inexcusable, pero la renovación del contrato es una potestad del contratante. Y en este caso, el contratante privilegia la renovación de veredas de la ciudad, plan ratificado electoralmente con la primera minoría obtenida en los últimos comicios. La ciudadanía se expresó: veredas sí, teatro no. Por todo lo expuesto, es que considero que un problema cierto, como lo es la falta de pago salarial, no debe ser utilizada para manipular politicamente la opinión pública sobre temas que pertenecen al pasado y que no fueron obstáculo ético para la firma de los contratos de quienes hoy elevan sus denuncias. Ojalá, quienes ahora se rasgan las vestiduras, tuvieran la honestidad intelectual que los llevara a sinceramientos de la talla de "solo un idiota no puede hacer diez kilómetros de subte por año".
