
Dos hechos recientes intrínsecamente entrelazados, me llevan a escribir estas líneas. El primero, fue un interrogante surgido en una charla dada por Roberto Cossa, en la ciudad de Formosa, en el marco de la Fiesta Nacional del Teatro. En la misma surgió la siguiente pregunta: ¿por qué la gente de teatro no debate? ¿por qué no hay espacios para el debate? (Citándose por excepción a este foro). A los pocos días, de regreso en Buenos Aires, me llegó una invitación para presenciar una mesa redonda en la cual se debatiría sobre el teatro argentino actual y su compromiso con la sociedad, a la que asistirían como expositores, Pablo Bontá, Jorge Lopez Vidal, Salvador Amore, Jessica Schultz y Vanesa nieto. Hugo álvarez oficiaría de anfitrión y coordinador.Concurrí complacido por lo inusual de la convocatoria y constaté en el Teatro Azul (lugar en que se realizó el encuentro)la enorme avidez de los presentes por expresar ideas y opiniones sobre los más diversos temas. El común denominador no tardó en hacerse evidente: la necesidad de hallar espacios de encuentro para la discusión. ¿Y por qué no se da el debate? ¿Por qué la renuencia a debatir? ¿Qué inhibe el debate?Trataré de responder esta pregunta (de manera inconclusa, parcial y subjetiva) a modo de invitación a los demás foreutas a sumarse a esta empresa.Ya sea para abordar la discusión sobre lo intrínseco del arte o el fomento del arte, observo tres cuestiones sobresalientes que son poderosos disuasivos ante la voluntad de debatir, a saber:1. Los referentes artísticos, institucionales y políticos, no debaten. Eluden el debate. La carencia de discusión es tanto intrínseca como extrínseca respecto de la actividad. Es decir, no hay polémica ni artística ni política. El problema que genera estas ausencias doblemente pernicioso, ya que no solo nos priva de una función docente generacional, sino que no permite la docencia de sobre la forma de discutir. Las cuestiones estéticas, las temáticas, las éticas, las didácticas, así como las políticas para el sector y para el país, no son abordadas por los maestros de maestros. Opinando, convergiendo y confrontando, añoro ver a Gené, Fernandes, Alezzo, Briski, Monti, Gambaro, Bonet, Quinteros, Serrano, Cruz, Suarez Marzal, Bidonde, Pavloski, Iedvabni, por solo nombrar a los primero que se vienen a mi mente (lista caprichosa e incompletísima); o una generación más joven, Gallardou, Bartis, Veronese, etc; o Cossa (ARGENTORES), Brambilla (INT), Gonzalo (AAA), Staiff (TGSM), Lovero (PROTEATRO), Num, Lombardi, Correa, en sus roles de representación institucional. ¿Cómo poder propiciar algo que se demanda espontaneo? Aparentemente es contradictorio, pero tal vez haya que dar un empujón inicial para llegar al movimiento continuo. Lo sabremos intentándolo.2. La Ausencia de información y/o transparencia institucional, no permite que vivencias y sensaciones cotidianas, se cristalicen en protestas y propuestas colectivas de sólida argumentación. Un gran porcentaje de las aparentes polémicas radican en la ausencia de facilidad de recavar información sobre los organismos oficiales e institucionales, que provocan discusiones basadas en falta de conocimiento, elevación a ley universal de experienciqas personales y deducciones erroneas. Prueba de ello, fue la intervención en este foro del Abogado Gutierrez de Argentores, quien a poco de comenzar a intercambiar correos con los forteutas, despejó un sinnúmero de aparentes conflictos. Este acceso a la información, debe ser sencillo y accesible para un neófito del derecho administrativo (¿recuerdan cuando uno podía acceder a las finanzas del Instituto Nacional de Teatro y las resoluciones del consejo con solo hacer un click en la página web?) sin necesidad de tener que hacer un trabajo de auditor. Hoy internet nos brinda la posibilidad de publicitar la información de manera casi gratuita y eficaz. Queda pendiente concretar el reclamo de manera colectiva. Con los datos sobre la mesa, podremos ratificar o rectificar con argumentaciones sólidas.
3. El ninguneo y la marginación, como política de persecución de lo políticamente incorrecto, es el mayor escollo a superar. Es el terrorismo el arma predilecta para disolver discusiones en el ámbito de la política de fomento teatral. En términios prácticos, la pregunta que surge es: como se puede desarrollar una postura crítica sin quedar excluido (castigado) del sistema institucional . ¿Es posible disentir sin quedar marginado? ¿Se puede decir que "si la obediencia debida no excusa a Astiz tampoco a Staiff " y al mismo tiempo presentar un proyecto en el TGSM con probabilidades de ser aceptado? ¿Se puede proponer una modificación de la actual ley nacional de teatro y aspirar a becas y subsidios del INT? ¿Se puede preguntar sobre las autocontrataciones en un festival y no quedar afuera de la programación? Es sólo ejemplificativo y podría aplicarse a cada instancia institucional. La respuesta es irrelevante. Lo determinante es comprender que mientras la pregunta nos importe, será imposaible revertir el sistema. Los francotiradores podremos ser molestos, pero somos ineficaces. Es más, operamos (contrario a nuestros propósitos) de válvula de escape, de elemento de catarsis para consolidar el status quo. Así las cosas, amerita una revisión del sistema de forma conjunta, desistiendo de la hipotética ventaja personal que depare las coyunturales circunstancias.
3. El ninguneo y la marginación, como política de persecución de lo políticamente incorrecto, es el mayor escollo a superar. Es el terrorismo el arma predilecta para disolver discusiones en el ámbito de la política de fomento teatral. En términios prácticos, la pregunta que surge es: como se puede desarrollar una postura crítica sin quedar excluido (castigado) del sistema institucional . ¿Es posible disentir sin quedar marginado? ¿Se puede decir que "si la obediencia debida no excusa a Astiz tampoco a Staiff " y al mismo tiempo presentar un proyecto en el TGSM con probabilidades de ser aceptado? ¿Se puede proponer una modificación de la actual ley nacional de teatro y aspirar a becas y subsidios del INT? ¿Se puede preguntar sobre las autocontrataciones en un festival y no quedar afuera de la programación? Es sólo ejemplificativo y podría aplicarse a cada instancia institucional. La respuesta es irrelevante. Lo determinante es comprender que mientras la pregunta nos importe, será imposaible revertir el sistema. Los francotiradores podremos ser molestos, pero somos ineficaces. Es más, operamos (contrario a nuestros propósitos) de válvula de escape, de elemento de catarsis para consolidar el status quo. Así las cosas, amerita una revisión del sistema de forma conjunta, desistiendo de la hipotética ventaja personal que depare las coyunturales circunstancias.
