domingo, 6 de enero de 2008

Ni Oficialista ni Opositor, sino todo lo contrario.




Si hay algo en común entre las fuerzas políticas que se disputan los gobiernos, ya sea a nivel nacional, provincial o municipal es su ajenidad absoluta al tema: “CULTURA”.
Este ítem de gobierno es descubierto por el ganador de las elecciones de turno, a la hora de tener que comenzar a gobernar. Ante la ausencia de cuadros propios y de planificación de gestión para este tema, invariablemente, el gobernante de turno oferta cargos a diestra y siniestra teniendo por criterio selectivo, que la imagen pública del elegido sume beneficios a la propia imagen, en las próximas encuestas.
Así, después de cada período electoral, presenciamos la consabida calesita de nombres.
El que al fin se queda con la sortija, a su vez arma sus propias calesitas para los cargos subalternos a su jerarquía. De manera tal, que el designado para la tarea, comienza a pensar en la cuestión e interiorizarse en el tema con posterioridad a su asunción.
Dos cuestiones deberá cumplir a rajatabla: conformarse con un presupuesto miserable, haciéndolo lucir públicamente con el mayor bullicio posible y que no colapse ninguna de las instituciones que dependen de su área. Mientras siga en la línea de flotación, larga vida tendrá su designación, ya que cuenta con la ventaja de que puede haber muchas quejas, pero ningún plan alternativo, por lo que un buen gerenciamiento de los pedidos de los lobbys del sector que mayor contacto tengan con la prensa, lo dejaran a salvaguarda de cualquier zozobra.
De este tipo de estructura surgen secretarios de cultura que postulan que en un país con tanta desocupación, no puede haber plata para la cultura. No es este un rebuzne aislado, sino la consecuencia lógica de una construcción conceptual sobre el tema.

Mauricio Macri no es la excepción a la regla. La búsqueda de cuadros para cubrir los puestos del área se llevo a cabo de esta forma, con un grado de torpeza inusitado.
Personalmente difiero ideológicamente de su propuesta general de gobierno. Y la diferenciación la hallo palpable en áreas como seguridad, educación, salud. Puedo diferenciarme con nitidez si tomo como ejemplo el veto a la ley de producción gubernamental de medicamentos. No estoy de acuerdo y creo que el estado, por lo menos, debería fabricar las 30 monodrogas principales, para regular así el precio y garantizar el abastecimiento. Hallo una clara discrepancia con el actual gobierno de la ciudad. Pero en lo que respecta a Cultura, me es tragicómico leer las voces que se alzan en su contra. Este cacareo que se enarbola opositor a lo inexistente no es más que un reposicionamiento en la calesita. De los que estaban y les toca bajar, de los que esperan subir, de los que quieren seguir. Pero jamás reemplazar el juego circular en torno a la sortija por un plan cultural con criterios de transparencia y republicanismo.