martes, 16 de octubre de 2007

Ley 24800 Propuesta de reforma


La falta de integración y articulación institucional, el clientelismo político, el enquistamiento de grupos que se han apropiado de lo público en beneficio propio, las autocontrataciones, el reemplazo de la cultura del trabajo por la del asistencialismo, son algunos de los ejemplos más reconocidos de los males endémicos de nuestra organización política.
La actividad Teatral Independiente, no solamente no es ajena a esta problemática, sino que institucionalmente se ve aquejada por las mismas dificultades
Con la creación del INT, como órgano de fomento de la actividad, el estado toma cartas en el asunto y delinea por primera vez una política para el sector. Indudable e innegablemente la actividad teatral dio un salto cuantitativo importante. Se abrieron salas, se equiparon teatros, logros que es menester cuidar y proseguirlos. También creció el número de producciones de la mano de los subsidios a grupos y a espectáculos concertados. Sin embargo, muy pocas de estas producciones consiguieron trascender en número de funciones, más allá del impulso inicial dado por los subsidios otorgados. Otro dato para tener en cuenta es que pese a que se multiplicaron las salas y grupos, se acortó la frecuencia de los espectáculos (las funciones ya no son en el teatro independiente de jueves a domingo, sino que en la mayoría de los casos es sólo una función semanal) y se achicaron las plateas (el estándar eran 100 butacas y ahora son 50). De manera tal, que es una tarea pendiente investigar si el crecimiento cuantitativo de la actividad, importó una crecimiento numérico del público.
Lo que sí es posible señalar con certeza, es que este crecimiento cuantitativo, no tuvo paralelo en la faz cualitativa en donde el salto está aún pendiente y menos aún en la construcción dentro de la industria del espectáculo de una red de producción artesanal. (Ya que el teatro independiente es una artesanía en su producción, pero bien organizado puede sumarse a la red de distribución industrial.)
Es imperante poner de manifiesto que de esta actividad dependen muchos puestos de trabajo e invalidar el discurso que postula que en una etapa de crisis, la actividad teatral debe esperar el florecimiento de la economía para su atención por parte del Estado. Mencionar industria del espectáculo implica reclamar la garantía del art 16 de la CN nacional que establece que todos los habitantes somos iguales ante la ley. Si hay subsidios para el sector tabacalero, también lo debe haber para el teatro. Y menciono esta otra actividad muy a propósito, puesto que algunos argumentan que para los Ciudadanos y el Estado, el teatro no es actividad imprescindible. Si el teatro no lo es, el fumar mucho menos, ya que contribuye año a año a incrementar el presupuesto de salud en 4400 millones de pesos, entre otros males. Retomando la cuestión de la falta de desarrollo cualitativo y de construcción de la red de producción artesanal dentro de la industria del espectáculo, allende Buenos Aires y los circuitos veraniegos, más alguna otra excepción, se desprende que dicha carencia establece un federalismo puramente formal. Un médico, un arquitecto, un plomero, un abogado, un maestro, un músico, puede ejercer su profesión en cualquier lugar del país y ganarse el pan, más allá de un mayor o menor desarrollo posibilitado por su entorno. Un actor, un dramaturgo, un escenógrafo o un director, no, pues la actividad no esta estructurada de manera que permita ganarse el pan en cualquier sitio. De manera tal que el artista que se encuentra en esas circunstancias geográficas desfavorables, se ve obligado a dedicarle una porción importante de su jornada, a la obtención de su sustento en otra actividad. Esto atenta contra la capacitación, la experimentación y la producción de manera directa, creando una brecha cada vez más grande entre quienes se dedican tiempo completo y quienes carecen del entorno para intentarlo. Acortar esta brecha es vital, para la construcción de un federalismo verdadero.
A modo de racconto parcial, diré que:
Desarrollo cualitativo,
construcción de la red de producción artesanal del espectáculo,
federalismo verdadero y no simplemente formal,
no son más que aristas comunes de una misma carencia que la actividad teatral debe revertir.
Estas tareas le competen al Instituto Nacional del Teatro.
Y si no las lleva a cabo no es por la mayor o menor pericia de los funcionarios de turno, si no por disfunciones estructurales congénitas. Cualquier institución Joven, al poco tiempo de ser creada, merece una revisión que permita comparar la estructura creada por la ley que le dio origen, con la estructura real de su desarrollo pragmático, para poder corregir los aspectos nocivos, remodelar los defectuosos y acentuar los exitosos. El INT no tiene por qué ser la excepción y todos los que estamos vinculados a la actividad sabemos que está pendiente.
Proyecto de reforma de la Ley 24.800
Por las razones antes expuestas es que es imperioso que elaboremos un proyecto de reforma que contenga los siguientes items.
1.Elecciones democráticas de los representantes. Para terminar con el sistema que engendra la situación paradojal de tener “representantes” rechazados por la comunidad teatral. El actual sistema de elección de los representantes provinciales es un sistema de coptación al modo de la Iglesia o el ejército. Un jurado elige entre los candidatos en un concurso de oposición y antecedentes. No es un sistema unitario, pues el director no puede nombrar a quien crea conveniente, pero tampoco es un sistema federal, en el que cada provincia elija el suyo. Con este sistema se da la paradoja de que el representante provincial no representa ni a las provincias ni al gobierno central.
El padrón ya se encuentra confeccionado y es el registro nacional del teatro que la propia ley obligó al INT a confeccionar.
2.Cargos rentados: La exigencia de la tarea del representante provincial exige una dedicación de tiempo completo. Por lo tanto, la gratuidad del cargo crea una barrera infranqueable para que sea ocupado por gente capaz y honesta que no cuente con abundante disposición de tiempo y dinero, o genera gestiones que no cuentan con toda la carga horaria necesaria en el mejor de los casos.
3.Periodicidad única del cargo: Para imposibilitar el cargo como proyecto personal y contribuir a una cultura republicana dentro de la institución.
El representante Provincial debe ser una persona de teatro y el cargo no le permite llevar adelante su trabajo de artista. Por eso creemos que la “carga” de llevar adelante el Instituto debe ser compartida. Actualmente muchos representantes provinciales llevan esta pesada tarea reelegidos desde la creación del INT y en algunas provincias sólo se produce el recambio por fallecimiento. Brindémosle un alivio y démosle la posibilidad a esta gente de que vuelva a hacer teatro.
4.Eliminación de los cargos de “representante del que hacer teatral” o sustitución por representantes nacionales elegidos por distrito nacional único. Estos cargos carecen de legitimidad pues el sujeto u objeto a representar por lo amplio resulta indeterminable. (¿Qué es el “que hacer teatral”?) Si lo que se buscase es una representación nacional (para afianzar el federalismo), en ese caso deberíamos votar por representantes nacionales.
5. Sustitución del sistema de competencia en las fiestas (reg, pciales y nac) por el de encuentro de muestra, formación y capacitación. Carece de sentido que se organicen competencias entre quienes no están en una frecuencia de paridad y al mismo tiempo se hace necesario un espacio de formación y capacitación. Los encuentros podrían contener junto con la muestra de lo producido a estas dos variables.
6.Creación del congreso nacional de trabajadores del teatro independiente. Durante la realización de los encuentros zonales, provinciales, regionales y nacional, se pueden desarrollar de manera paralela en el horario vespertino las respectivas asambleas. De este modo, su realización no implicará costo adicional alguno y podrá realizarse anualmente, siendo el ámbito propicio para debatir, propone y reflexionar sobre la marcha institucional.
7.Obligatoriedad de la publicación el la página web del int de la contabilidad del mismo de manera trimestral. Porque es mejor prevenir que curar, queremos estar al tanto de los manejos de los fondos en el INT, porque entendemos que no hay mejor fiscalización de la transparencia que la propia ciudadanía.
7. Autarquía (decreto) Porque el INT fue pensado para llevar a cabo una empresa (cometido) que tiene por costo mínimo lo que originalmente la ley le otorga (8% del comfer y 3% de Lotería) es que reclamamos que se lleve a cabo la Autarquía que nunca se puso en práctica y que implica triplicar el actual presupuesto.
8. Eliminación del sistema de jurados rentados en competencias que no otorguen premios monetarios. Porque entendemos que el INT es un medio y no un fin, reclamamos que no haya gastos administrativos cuando no hay beneficio pecuniario para los trabajadores Es obsceno crear competencias en las que no hay premios pecuniarios y se le paga a los jurados. . En los casos de los encuentros zonales, los cachets de los jurados equivalen al monto que demandaría cubrir los viáticos y estadía de todos los participantes.
Status quo
Quienes verían acabados sus privilegios con estos cambios, argumentan que el pedido de reforma abriría la puerta a la apetencia de otras reparticiones estatales sobre el existente magro presupuesto. Es cierto. Hay riesgos. Pero no conozco alguna conquista social que no los haya tenido.
El cambio político-jurídico, solo operará si es precedido de un cambio cultural
Si la función del INT no es más que la de oficiar de mero distribuidor de recursos recibidos, el costo operativo - burocrático es demasiado alto y bien podría ser reemplazado por una oficina especializada del Banco de la Nación Argentina.
Es por eso que los Criterios Generales de Gestión del INT a los que debiéramos aspiramos los trabajadores del teatro son más amplios y profundos pues en muchos sectores está creciendo el tumor cultural del subsidio como causa fin de la actividad.
Más de una vez he escuchado o leído: “No montamos tal pieza porque no nos otorgaron el subsidio”. Inmediatamente me pregunto si esa persona es un actor o un subsidiado, o si antes del INT existía el teatro. Y que no se malinterprete la apreciación. Es mi intención que los subsidios no se transformen en otro PLAN MENDIGAR, diseñado para beneficio del clientelismo de turno, sino que sean más diversos y cuantiosos, enmarcados dentro de los siguientes postulados: Impedir la corrupción estructural provenientes de fisuras de la ley y originadas en conductas anti-éticas que no necesariamente son antijurídicas, posibilitar un crecimiento cualitativo de la actividad, federalizar la actividad teatral mediante la capacitación, articular el concurso de recursos propios y ajenos (estatales y privados) e Integrar recursos de otros sectores ajenos a la actividad.
Salas que cierran, grupos que se disgregan, autores que no publican, es la realidad que nos urge a tomar cartas en el asunto. Pero la reforma no empieza en el otro ( lo que elevado a ley universal equivale a nunca).
La reforma es en nosotros y es posible.

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