viernes, 30 de noviembre de 2012


Cada vez que me invitan al teatro, anteponiendo prevenciones y reparos, contesto cortes y fraudulentamente: "voy a ver si me hago tiempo, estoy muy ocupado". Pero esgrimo como atenuante, la sana intención de reconducir la violencia que la irritabilidad me genera. Así es que, cuando me dicen: "El texto es algo flojo, pero el espectáculo no está mal", verdaderamente pienso: "CON TAL DE PASEAR TU BO
BA VANIDAD TE AVENÍS A DECIR CUALQUIER COSA SOBRA LAS TABLAS, CREYÉNDOTE UN ARTISTA CUANDO SOS UN FARABUTE". Cuando me advierten: "La obra no es buena, pero quiero que veas mi trabajo", reprimo: "¿QUE TE HACE PENSAR QUE TENGO QUE PAGAR CON ABURRIMIENTO LA MANUTENCIÓN DE UN EGO IDIOTA QUE NO SE DA CUENTA QUE ESTÁ EN UN ARTE COLECTIVO CUYO TRABAJO NO PUEDE SER ESCINDIDO?. Otras veces, explican: la obra es un poco larga, pero es un trabajo de investigación. Yo entiendo: LARGA, COMO EUFEMISMO DE ABURRIDA y me pregunto, ¿ESTE TIPO SE HARÍA APLICAR UNA VACUNA PRODUCTO DE UNA INVESTIGACIÓN FALLIDA SOLO PARA CONTENTAR A LOS CIENTÍFICOS? En otros casos se apela a una mística infundada, del tipo "el director quiso expresar su mundo interior, es muy particular, no a todos les gusta" Y yo pienso: "¿SI QUIERE EXPLORAR SU MUNDO INTERIOR POR QUÉ NO SE HACE UNA TOMOGRAFÍA QUE ES MÁS BARATA Y NO JODE AL PÚBLICO?
Todos los que nos dedicamos al teatro podemos incurrir en el peor de los bodrios y es solo un gaje del oficio perdonable, cuando lo hemos hecho con un necio convencimiento y un entusiasmo que derriba murallas. A sabiendas, es imperdonable.