jueves, 26 de marzo de 2009

Esquizofrenia Ética


El 25 de septiembre de 2008, PROTEATRO, se dirigía a la comunidad teatral, por medio de una misiva, diciendo: Proteatro se dirige a la comunidad teatral con el objeto de informar: A partir de una denuncia aparecida en un medio electrónico, haciendo referencia a la función pública desempeñada por el señor Francisco Carcavallo, durante la última dictadura militar. El directorio de este Instituto Proteatro, habiendo corroborado dicha denuncia y en defensa de los valores democráticos que reivindicamos, le solicitamos su alejamiento del organismo.El señor Carcavallo, que integraba este Directorio como representante de los empresarios teatrales nombrado por la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET), tal como lo exige la ley 156/99, efectivizó su renuncia por escrito con fecha 19 de septiembre de 2008.
Esta actitud, fue acompañada por la comunidad teatral. En buena hora.
Pero este no es el final del asunto sino el inicio de una situación dual, paradógica. El Sr. Carcavallo, fue quien siendo secretario de Cultura de la comuna porteña, puso en funciones, durante la dictadura de Lanusse, como director del Teatro General San Martín, al Sr Kive Staiff.
El Sr Staiff cesó en esa función con el advenimiento de la democracia y volvió a asumir el cargo de la mano de la dictadura de Videla, el 14 de abril de 1976. De manera tal, que si el criterio a seguir es que quienes fueron funcionarios civiles de las dictaduras militares no están en condiciones éticas de asumir cargos públicos, la comunidad teatral debiera solicitar la renuncia del señor Staiff, quien se halla al frente de todo el teatro oficial porteño.En resumen: o se va Staiff o vuelve Carcavallo.

viernes, 20 de marzo de 2009

ESPERANDOAADRIAN


Este inicio de siglo será recordado por una singular pandemia socio-psicológica que arrasa con actrices y actores. Dicho mal, es el síndrome de ESPERANDOAADRIAN.
Podríamos definir como el síndrome de ESPERANDOAADRIAN, una extendida forma de dependencia voluntaria e ilusoria, que desintegra la identidad. La misma consiste en condicionar cualquier construcción profesional, a la eventual convocatoria a un bolo en televisión. El mal se arraiga al amparo del presupuesto de que dicho trabajo, seguramente, será revelador de talento y catapultará al artista, a postergados, pero merecidísimos primeros planos de la farándula, en los cuales siempre – según su propio criterio - debería haber estado.
Dicho síndrome, redefine la profesión de forma estructural. El teatro independiente, se degrada a teatro off, ya que pierde su sentido autonómico (deja de gobernarse) y autárquico (deja de financiarse). Es decir, que al ser funcional a la espera del proverbial llamado, se hace teatro off de manera residual. Sería más propio definirlo como teatro cuasi-comercial periférico, en oposición al teatro comercial al que no accede, porque este convoca a figuras con pantalla, para amortizar los gastos de publicidad y hasta que no llegue el bolo salvador que implique el ansiado despegue, ese actor / actriz no tiene cabida en ese mundo para pocos. Tiene que esperar. Pero esta espera es dinámica, ya que tiene como fin “el ser visto”, “el ser descubierto”, por lo que lo impulsa a participar en todas las obras teatrales que estén a su alcance, siempre y cuando no demanden algún sentido de pertenencia del que no puede hacer cargo, ya que está ESPERANDOAADRIAN. Las consecuencias inmediatas son la degradación de la idea de grupo a la de elenco eventual. La mutación de cooperativa, a productor sin capital con elenco sin salario, y la conversión del concepto de Sala, como ámbito de creación y pertenencia, a mero albergue transitorio de espectáculos. El ESPERANDOAADRIAN, sustituye los presupuestos de creación artística, por los de entretenimiento. No se parte de la necesidad de expresión sino de la necesidad de empatía. No tengo necesidad de decir algo, sino simplemente de ser “descubierto”, por lo que será fundamental entrar en sintonía con el otro. Así, se abandona el principio rector del teatro independiente, que es ser un espacio en el cual se duda de los valores establecidos socialmente, para tomar el camino del teatro comercial, que busca confirmar los valores del establishment con afán de taquilla. De ese modo, la estética deja de ser engendrada por la ética y el conflicto rector, navega entre dos aguas, cuidándose de no dejarse arrastrar ni por la corriente de la problemática social, ni por la de las dudas existenciales del individuo. Un eclecticismo friboludo. El ingenio (en el mejor de los casos) suplanta a la inteligencia, los estímulos visuales y sonoros son un fin en si mismos y la coyuntura, en presente absoluto, genera debates anecdóticos, que sustituye a las discusiones ideológicas. El ESPERANDOAADRIAN, ha devastado objeto, sentido y mística del teatro independiente. Generar un contra discurso, una visualización alternativa del artista, implicará un trabajo lento, complejo y prolongado. Pero para ello es menester que nos juntemos.